“Mi padre llegó a casa de la oficina, le dio un abrazo a mi madre, y, muy orgullosamente, nos dijo que
Camputing Tabuling Recording Company se conocería en adelante con el grandioso nombre de International
Business Machines. Yo estaba parado en la puerta de la sala, y me dije ¿esa empresita? Mi padre tuvo que
hacer estado pensando en la IBM del futuro”. Así nos cuenta James C Collins en el delicioso libro
“Empresas que Perduran” la dimensión del sueño empresarial de la colosal IBM en las palabras del propio
hijo del fundador Thomas J. Watson. Construir un sueño en el que se crea intensamente y que nos lleva a
acciones concretas es el primer paso saber si se tiene alma de empresario. Quiero precisar a fondo esta
apreciación: El empresarismo no trata tanto de en qué cada acto de nuestra vida orientado en el sentido
inequivocado de aquello en lo que creemos. Por eso para ser empresario se necesita tener un fervor y una
mística profunda por encima de un conocimiento experto en una determinada área.
Con frecuencia al hablar de mentalidad empresarial se dice que una condición del empresario es amar el
riesgo; esto es cierto, pero quiero ir mucho más allá, la vida empresarial no se refiere al valor o a los
riesgos, sino a la pasión por realizar un sueño. Suena romántico quizás, pero es este el rasgo más
determinante de la mentalidad empresarial. No lo es la capacidad de riesgo, porque los negociantes tienen,
posiblemente, más capacidad de riesgo que los empresarios pero su fin último es muy diferente, en el
primero es hacer dinero, en el segundo se trata de hacer realidad un sueño. Sólo la pasión por realizar un
sueño impulsa el espíritu creador del empresario como ninguna otra idea. La red de la vida empresarial está
tejida con arduos sacrificios, dolor, desespero y decepción, soledad, lágrimas, pero también con logros
increíbles, gestiones de titanes, satisfacciones descomunales, alegrías inimaginables y, por sobre todo, es
una vida dedicada a abrir caminos y sembrar futuro. Por eso para el empresario su sueño es más poderoso
que sus miedos y sus excusas.
El empresario siente una necesidad interior de contribución a un propósito. Mery Key es la fundadora una
empresa de cosméticos líder y altamente reconocida mundialmente que lleva su nombre, en el libro
“Historias de Forbes” de Daniel Gross, Mery Key expresa: aunque tenía la necesidad de ganar dinero no
estaba interesada en los dólares del negocio, en 1963 me interesaba ofrecerle a la mujer las oportunidades
que no tenía este artículo decíamos que una empresa no era una idea económica, esta es la razón, si una
empresa no está cobijada bajo elementos duraderos, visionarios y nobles, el entusiasmo se acabará pronto y
la empresa en su debilidad desaparecerá o difícilmente sobrevivirá a las crisis. En Popayán Empaques del
cauca estuvo a punto de ser cerrada por sus accionistas ante los inminentes problemas económicos, sin
embargo, la empresa fue tomada por los empleados con un propósito diferente y con los mismos problemas
económicos heredados hoy la tienen a flote y en franco crecimiento. Para los accionistas Empaques del
cauca representaba pérdidas económicas, para los empleados representaba el futuro de sus familias, una
gran diferencia. Como dice un amigo empresario: “en el desarrollo empresarial el dinero es la gasolina del
motor pero el propósito es el lubricante”. Necesarios los dos, lógicamente que sí, pero con sólo gasolina el
motor se funde y si no se enciende se oxida y se pega. El lubricante lo mantiene liso, protegido, para ser
encendido en cualquier momento, esta imagen nos lleva a concluir fácilmente que no tener dinero no es una
razón para no iniciar empresa, inclusive, la realidad está llena de ejemplos de empresas prósperas hoy
creadas sin dinero. Es necesario hacer esta aclaración porque con frecuencia la disculpa mediocre de
quienes tienen proyectos y no los arrancan es la falta de dinero. No es así, es la carencia de alma de
empresario, que no se compra en tiendas, ni viene con el propósito bancario, ni con el conocimiento del
experto.
Conocerse así mismo. Este sí que es un concepto clave al crear empresa. En el libro “los emprendedores
no nacen” Lloyd E. Shefsky dice “la mayoría de las personas saben cómo puede funcionar el negocio, pero
ignoran cómo pueden funcionar ellos mismos”. Simple y llanamente esto significa que ningún proyecto será
exitoso a menos que usted sepa con claridad como funciona usted. Adentrarse a los rincones de sí mismo
con toda honradez es una tarea que muy pocos ven como importante para emprender restos serios que
puedan hacernos temblar en cualquier momento. ¿Cómo actuaré frente a un posible fracaso? Es una pregunta clave, hay muchos suicidios, hogares destruidos, vidas arruinadas, en la historia de los negocios de
la persona que jamás tuvieron este concepto claro. ¿Soy capaz de entender los problemas y las dificultades
como elementos que enriquecen la vida empresarial? Además, ¿Tengo una conciencia total del más
profundo sentido de mi vida ética de trabajo en la que seré intransigente cueste lo que cueste? Si usted no
tiene estos principios claros, cuídese porque podrá convertirse en víctima fácil de tanto abuso que existe en
la vida de los negocios.
Ser uno mismo requiere de valor y confianza y, sobre todo, de crear un estilo propio, una particular manera
de ver las cosas, los empresarios más auténticos no caven en el molde social, no se dejan llevar por la
corriente, son transformadores de circunstancias, rompen las estadísticas que quieren someterlos y según
el juicio de la gente normal, son cínicos. Testarudos, no influenciables o rebeldes alejados de la realidad.
Por eso antes de ingresar al mundo empresarial pregúntese si pertenece a este escaso número de
personas que nos han regalado el disfrute y el progreso a través de tantos descubrimientos maravillosos.
Tomas Alba Edison dijo en alguna oportunidad: “Cómo abandonar este proyecto después de cinco mil
intentos fallidos; esa sería la peor torpeza”. Los empresarios de verdad saben que los proyectos pueden
fracasar, pero ellos jamás son un fracaso. Lloyd E. Chefsky a quien ya hice referencia dice: “EL empresario
ve su fracaso como condecoración en su uniforme de empresario y mientras más condecoraciones tenga
mejor empresario será”. EL verdadero empresario corre el riesgo responsablemente, por lo tanto también
asume sus caídas y errores responsablemente, esto lo aleja del miedo, la duda y se fascina con la
incertidumbre en la que descubre un extraño combustible, que lo mantiene alerta, despierto y en permanente
estado de reflexión frente a los acontecimientos y las oportunidades. Cuando uno tiene alma de empresario
se concentra en conducir mirando hacia delante teniendo en cuenta que es necesario mirar por el retrovisor.
Este aspecto es clave porque la mayoría de la gente evita emprender un proyecto después de analizar
detenidamente experiencias pasadas. No cabe ninguna duda que hay un gran número de personas
mirando por el retrovisor y por eso paralizan a la hora de desafiar el futuro.
Cuando se tiene alma de empresario se ama la incertidumbre, no se puede vivir sin ella, se aprecia y se
valora como el respirar; al empresario natural le estorba los estados prolongados de seguridad; la
incertidumbre lo confronta y a la vez lo impulsa, destierra las verdades absolutas y se mantiene en absoluta
actitud de cambio.
En fin, lo más vibrante de ser empresario es que se elige uno mismo como su propio jefe y no tendrá que
esperar que nadie le pida la renuncia ni le aumente el sueldo. Pero lo mejor de todo es que uno deja de
trabajar definitivamente, porque tener alma de empresario es tratar la vida misma como una empresa, sin
cargo, sin salario, sin vacaciones y sin prestaciones, pero con el gusto de saber que ésta es una de las
mejores maneras de construir el mejoramiento de las condiciones de vida de este maravilloso mundo en el
que tenemos el privilegio de participar.
Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com
ivanmazo@une.net.co
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