Corría el mes de octubre del año pasado cuando recibí una llamada de un gerente de una empresa de
Bogotá, en ella me decía que su compañía deseaba prepararse con mucha energía para sacarle el mejor
provecho al fin de año y por lo tanto me pedía que me dedicara a su gente unos tres días para motivarlos y
de esa manera lograr ese objetivo. Yo le respondí al alto directivo con una pregunta: ¿Doctor, qué es tan
grave que le hacen a su gente en la empresa que hay que motivarlos?. Al hombre, por su puesto, le molestó
mi pregunta y después de un lacónico diálogo me colgó el teléfono.
Es increíble pero cierto, uno de los programas que más piden las empresas para su gente es sobre
motivación. La misma gente de la empresa cuando se les pregunta sobre qué tipo de capacitación
desearían, también piden temas de motivación. A mi modo de ver, la primera pregunta que las empresas
deberían hacerse al respecto es ¿Por qué nuestra gente pide o necesita motivación?, pero no, les parece
muy normal ese tipo de necesidad. Me gustaría, amigo lector que hagamos algunas reflexiones sobre el
tema.
A las empresas debería darles vergüenza que su gente necesite motivación. La demostración es como un
sida organizacional, es una enfermedad propiciada por el abandono a las personas, el mal trato de muchos
que creen que un cargo les da el derecho a abusar de la gente, de la ausencia de relaciones que expresan
el respeto y se da también por la carencia del reconocimiento que los buenos trabajos se merecen . La
desmotivación en las empresas se alimenta de la pobreza de la comunicación, de los memorandos
insultantes, de las amenazas constantes de cierto tipo de jefes, de las órdenes desobligantes y del chisme
de corredor al que los que no se le da la menor importancia. La gente pide motivación, porque en una gran
mayoría de las empresas, el trabajo diario se ejecuta en medio de ambientes pesados y nocivos que
lesionan la autoestima y la dignidad individual.
La motivación como tema de capacitación no sirve, eso es como darle a la gente pan y circo al más fino
estilo romano. Este tipo de motivación actúa como un anestésico, sus resultados se esfuman a una
velocidad directamente proporcional a la emoción que se logró en el mismo momento en que se impartió. La
motivación es mentirosa porque sus resultados no perduran en el largo plazo. Pero la razón esencial es que
la motivación no sirve porque vienen de afuera, es otro el que la causa, es magia que desaparece cuando se
despide el mago. Sin embargo, no entiendo porqué las empresas siguen comprando por montones
motivación empacada. Tenga la absoluta seguridad que la motivación que dependa de contratar a un
experto en el tema terminará en la frustración de un dinero mal invertido. En estos días una ejecutiva me
decía que para ella “las charlas de motivación eran un insulto a la inteligencia”. Me impresionó esa expresión
tan dura.
Siempre he creído que motivar a las personas es demasiado sencillo; lo difícil es lograr que ellas se motiven
por sí mismas a pesar de las circunstancias. La gente no necesita motivación, Necesita un mayor diálogo
enriquecido por la credibilidad, la seguridad y la confianza. Necesita más ejemplo y menos discurso; más
inspiración y mayor acompañamiento de sus superiores; la gente necesita que le encomienden más
responsabilidades sin cuestionamientos; necesita que crean más en sus capacidades, necesita que su jefe
le exija con argumentos de peso y que le invite a dar resultados concretos de los cuales se sienta muy
orgullosa. Las personas necesitan más decisiones justas en ambientes más cálidos y respetuosos. La gente
necesita que la inviten a una reflexión profunda cuando cometen un error, no que la sometan a una vaciada,
a una suspensión o a un castigo.
Si queremos personas motivadas en la empresa dediquémosles más tiempo. No las menospreciemos
cuando nos requieren anteponiendo otra ocupación como casi siempre lo hacemos. Pronunciemos más la
palabra ‘gracias’; preguntemos más ¿Qué te pasa?, Hablemos más y escribamos menos circulares y
memorandos. Fomentemos más los saludos, las despedidas al final del día con un gracias por tu aporte de
hoy; propongamos más conversaciones intrascendentes y permitamos que la gente se ría a carcajadas.
Hagámosle sentir con hechos a cada persona que lo que hace contribuye a la prosperidad de la empresa en
lugar de decirle que afuera hay mucha gente con necesidad de trabajar y por menos plata. No humillemos
tanto, no fomentemos los enfrentamientos, tomemos decisiones justas y hagamos juicios honestos, de esta
manera, nos daremos cuenta que la gente no necesita motivación empacada.
Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com
ivanmazo@une.net.co
|