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  EL PELIGRO DE LA MOTIVACION EMPACADA  

Iván Mazo Mejía
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com
ivanmazo@une.net.co

Corría el mes de octubre del año pasado cuando recibí una llamada de un gerente de una empresa de Bogotá, en ella me decía que su compañía deseaba prepararse con mucha energía para sacarle el mejor provecho al fin de año y por lo tanto me pedía que me dedicara a su gente unos tres días para motivarlos y de esa manera lograr ese objetivo. Yo le respondí al alto directivo con una pregunta: ¿Doctor, qué es tan grave que le hacen a su gente en la empresa que hay que motivarlos?. Al hombre, por su puesto, le molestó mi pregunta y después de un lacónico diálogo me colgó el teléfono.
Es increíble pero cierto, uno de los programas que más piden las empresas para su gente es sobre motivación. La misma gente de la empresa cuando se les pregunta sobre qué tipo de capacitación desearían, también piden temas de motivación. A mi modo de ver, la primera pregunta que las empresas deberían hacerse al respecto es ¿Por qué nuestra gente pide o necesita motivación?, pero no, les parece muy normal ese tipo de necesidad. Me gustaría, amigo lector que hagamos algunas reflexiones sobre el tema.
A las empresas debería darles vergüenza que su gente necesite motivación. La demostración es como un sida organizacional, es una enfermedad propiciada por el abandono a las personas, el mal trato de muchos que creen que un cargo les da el derecho a abusar de la gente, de la ausencia de relaciones que expresan el respeto y se da también por la carencia del reconocimiento que los buenos trabajos se merecen . La desmotivación en las empresas se alimenta de la pobreza de la comunicación, de los memorandos insultantes, de las amenazas constantes de cierto tipo de jefes, de las órdenes desobligantes y del chisme de corredor al que los que no se le da la menor importancia. La gente pide motivación, porque en una gran mayoría de las empresas, el trabajo diario se ejecuta en medio de ambientes pesados y nocivos que lesionan la autoestima y la dignidad individual.
La motivación como tema de capacitación no sirve, eso es como darle a la gente pan y circo al más fino estilo romano. Este tipo de motivación actúa como un anestésico, sus resultados se esfuman a una velocidad directamente proporcional a la emoción que se logró en el mismo momento en que se impartió. La motivación es mentirosa porque sus resultados no perduran en el largo plazo. Pero la razón esencial es que la motivación no sirve porque vienen de afuera, es otro el que la causa, es magia que desaparece cuando se despide el mago. Sin embargo, no entiendo porqué las empresas siguen comprando por montones motivación empacada. Tenga la absoluta seguridad que la motivación que dependa de contratar a un experto en el tema terminará en la frustración de un dinero mal invertido. En estos días una ejecutiva me decía que para ella “las charlas de motivación eran un insulto a la inteligencia”. Me impresionó esa expresión tan dura.
Siempre he creído que motivar a las personas es demasiado sencillo; lo difícil es lograr que ellas se motiven por sí mismas a pesar de las circunstancias. La gente no necesita motivación, Necesita un mayor diálogo enriquecido por la credibilidad, la seguridad y la confianza. Necesita más ejemplo y menos discurso; más inspiración y mayor acompañamiento de sus superiores; la gente necesita que le encomienden más responsabilidades sin cuestionamientos; necesita que crean más en sus capacidades, necesita que su jefe le exija con argumentos de peso y que le invite a dar resultados concretos de los cuales se sienta muy orgullosa. Las personas necesitan más decisiones justas en ambientes más cálidos y respetuosos. La gente necesita que la inviten a una reflexión profunda cuando cometen un error, no que la sometan a una vaciada, a una suspensión o a un castigo.
Si queremos personas motivadas en la empresa dediquémosles más tiempo. No las menospreciemos cuando nos requieren anteponiendo otra ocupación como casi siempre lo hacemos. Pronunciemos más la palabra ‘gracias’; preguntemos más ¿Qué te pasa?, Hablemos más y escribamos menos circulares y memorandos. Fomentemos más los saludos, las despedidas al final del día con un gracias por tu aporte de hoy; propongamos más conversaciones intrascendentes y permitamos que la gente se ría a carcajadas.
Hagámosle sentir con hechos a cada persona que lo que hace contribuye a la prosperidad de la empresa en lugar de decirle que afuera hay mucha gente con necesidad de trabajar y por menos plata. No humillemos tanto, no fomentemos los enfrentamientos, tomemos decisiones justas y hagamos juicios honestos, de esta manera, nos daremos cuenta que la gente no necesita motivación empacada.

Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com
ivanmazo@une.net.co

 
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