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  EL ALTO PRECIO DE LA NECESIDAD DE EJERCER PODER EN LAS EMPRESAS  

Iván Mazo Mejía
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com
ivanmazo@une.net.co

Para nadie es un secreto la manera como la administración centrada en la necesidad de ejercer el poder es propia de la vida de nuestras organizaciones. Lo que si es real es que las empresas ignoran el altísimo precio que todos los días pagan por esta nociva práctica que oscurece su futuro y el de su gente. Ningún crecimiento empresarial es sano cuando se sustenta mediante el ejercicio del poder. Es posible que se obtengan, o se superen los resultados previstos, pero ningún resultado puede ser óptimo ni genera solidez organizacional, si se logra “aplastando” a la gente mire a su alrededor dentro de su propia empresa para que vea como el ejercicio del poder administrativo deja resentimiento y perdedores por donde quiera que se manifiesta.
No me tiembla la mano para escribir que, en administración, todo aquel que necesita ejercer algún tipo de poder sobre otro es un incapaz. Quien ejerce poder necesita dominar y toda necesidad de dominio es sospechosa en sí misma. En los empleados el dominio no genera admiración por el jefe dominador sino desconfianza, lejanía y pérdida de credibilidad, lo cual le crea deterioro a la empresa. El ejercicio del poder en la administración ejerce un daño muy grave como es la manipulación causante de heridas profundas en las personas, quien en la mayoría de los casos, se la tienen que aguantar sólo por proteger su puesto que les garantiza su sobrevivencia.
Con demasiada frecuencia uno ve en las empresas jefes que el ejercicio del poder los ha vuelto prepotentes, soberbios, sordos y parecen fascinados con el abismo que han creado entre su “débil fortaleza” y su propia gente. Ah! Me olvidaba que también sufren de ceguera e indolencia aguda porque, ni ven, ni sienten el daño que les causan a las personas y a su propia organización.
Todo poder requiere de imposición y, en administración, la imposición es terriblemente perjudicial porque que de plano crea rechazo, bloquea la comunicación, tensiona los ambientes, obstruye el entusiasmo por mejorar porque convierte a las personas en víctimas; todo jefe ejerce dominio sobre otro se comunica mal, y la mala comunicación organizacional, genera pérdidas económicas que nadie percibe pero que son reales. Una de las prácticas administrativas que mayor incompetencia genera en las empresas se deriva del ejercicio del poder y es la necesidad de tratar a los empleados como subordinados. El concepto de subordinación hace que la gente se vuelva incapaz e improductiva. Cuando los empleados son subordinados son llevados, inconscientemente, a una zona de comodidad que hasta los propios directivos ignoran. La subordinación crea lentamente la apatía y el conformismo. La gente va perdiendo su propia fuerza natural como motor impulsor de nuevas ideas y la parálisis empieza a invadir cada una de las acciones de la vida diaria dentro de la empresa.
La figura de jefe en la práctica funciona como una expresión de dependencia. Yo no entiendo por qué en la vida empresarial ( y en la vida en general) unos tienen que depender de otros. Toda dependencia genera sometimiento y este resentimiento; salvo en algunas raras excepciones, toda dependencia es nociva y en administración es un cáncer que debilita la competitividad de la persona. La necesidad de que las personas dependan es la incapacidad de los jefes de lograr por presión lo que no son capaces de lograr por convicción. La dependencia es la manera como los jefes ejercen la autoridad y el poder. En el nuevo modelo empresarial debe de desaparecer toda práctica de poder de unos sobre otros. Todo jefe que ejerza su poder como medio para lograr que la gente actúe es un mediocre que no está preparado para cargos de dirección y de eso abundan en nuestras organizaciones.
Es necesario precisar la diferencia que existe entre poder y autoridad. La autoridad se gana, se merece, es un reconocimiento producto de la fe, el entusiasmo, la calidad integral, la credibilidad la confianza que uno deposita en su gente. En cambio el poder se asume deliberadamente sin contar con el otro, es un abuso que uno se otorga así mismo para someter a los demás, de esa manera, usted puede ejercer el poder sobre sus empleados pero ellos desconocen su autoridad.
Hoy es una imperiosa necesidad de la competitividad que los empleados sean creativos, tenga iniciativa, actúen por sí mismos, tomen decisiones cuando sea necesario, pero en los ambientes empresariales donde el ejercicio del poder cubre la administración, es imposible que parezca.
Ver el ejercicio del poder como el medio normal para lograr los fines empresariales desvaloriza la calidad de las relaciones entre el individuo y la organización. ES fundamental comprender que gerenciar, como yo lo defino, es el arte de partir del otro y no el arte de someter del otro para hacerle sentir quien pone las condiciones, quien da las órdenes y como hay que obedecerlas. Pregunte en su empresa si existe un solo empleado mejor persona, le ayuda a cumplir mejor sus funciones, lo proyecta positivamente para la empresa y le permite el mejor desempeño.
Si existe uno solo que se desempeña mejor de esa forma me cuenta. Si no es así, vale la pena que desterremos urgente este pésimo modelo administrativo causante de dolor, estancamiento y pérdidas económicas y de competitividad por el estamos pagando un precio demasiado alta.

Iván Mazo Mejía
Especialista en Mercadeo y Desarrollo Gerencial
Consultor y Asesor Empresarial
www.ivanmazo.com
ivanmazo@une.net.co

 
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